Hace poco volví a ver el filme de ‘Audition’ (1999) del afamado director de cine nipón Takashi Miike, basada en un libro homónimo de Ryu Murakami. La empresa en la que me embarqué fue una de mucha angustia no sólo por la poca censura que tiene sino que hay una metáfora en una capa inferior, que me pegó profundamente.
La película es una mezcla de géneros que se nota por contraste. Miike se arriesga enormemente a perder a su espectador -de la misma manera que me arriesgo a publicar esta entrada gigantesca- en los primeros 2/3 de hora. Este tiempo lo invertimos en una novela romántica en la que de manera superficial, veremos un cortejo tradicional oriental, de un hombre llamado Aoyama que quiere volver a casarse. Para lograrlo participará como mancuerna de su amigo Yoshikawa en una audición, en la que por medio del engaño de un papel protagónico en un filme, atraerán mujeres a castear a la que, Aoyama designará como esposa. Es un pitch simple ¿qué puede salir mal?
Fui afortunada la primera vez que la vi porque la experiencia fue muy contrastante. Es un filme lento a punto de dormirte, en el que a partir de que el personaje principal se empieza a divertir, la protagonista Asami lo empieza a hacer también pero de la manera más perturbadora posible; tanto que quieres dejar de verla en varios momentos.

Por supuesto que hay señales de alerta a las que Aoyama decide no hacer caso, porque las mujeres son frágiles y débiles. En cambio, hay otras señales que solamente el espectador sabe, y ahí está la genialidad de la tensión. El espectador sabe que Asami no es un buen partido. En un resumen intenso de la película es el tipo de trama en la que, la presa se vuelve el cazador.
El filme rompe el silencio y la tranquilidad al son de una llamada telefónica por la que Asami espera ansiosa. Es en ese momento en el que se le muestra al espectador que Asami no es la típica chica que viste completamente de blanco y que culturalmente hay un choque ahí. El blanco, es muy común para los ritos fúnebres y la indumentaria en países asiáticos como China, Japón o India. Asami viste de blanco porque está de luto. Su alma, murió en algún punto de su niñez.
«Las penas amorosas pueden transformar a la gente en monstruos de tristeza.»
-Mathias Milzieu
Aquí me gustaría aclarar otra cosa de la cultura japonesa y esta palabra Onnen. Los Onnen son de la tribu de los Yokai, quienes son fantasmas pertenecientes al folklore japonés. La diferencia entre ambos es la siguiente:
- Los Yokai son espíritus que deambulan y que no tienen paz porque algo los perturbó en vida y quieren venganza, generalmente. Son cuerpos fantasmales.
- Los Onnen son fuerzas de odio y rencor incontrolables que nacen de un evento perturbador y se materializan en un cuerpo para tomar venganza.
¿Se imaginan una fuerza que sea tan grande que tenga que materializarse? ¿Se imaginan una energía negativa que sea tan abominable que tenga nacer en un cuerpo? Estas fuerzas de las que hablan los japoneses son con las que identifican a los psicópatas. Aquellos que solamente se sienten bien inflingiendo dolor en el otro; aquel que abusa de su poder descaradamente y que no tiene ningún tipo de empatía ni generosidad hacia el otro. En parte, éstas se nominan a manera de leyenda para poder hacer más manejable el hecho de la existencia del mal puro. Como lo que pasa cuando conviertes algo que no comprendes en un objeto, reduce el mundo un poco y lo vuelve más asequible; eso es lo que hace el folklore japonés con los Onnen.
Los monstruos generan monstruos. Asami tenía una actividad que le daba estabilidad, el baile, un monstruo se la quitó abusando de ella; quemándole las piernas y tirándola por la escalera. El filme nos muestra como una fuerza que nace del odio se estanca en este mundo y se genera una especie de espiral narrativo, al que regresamos más adelante en el filme. Asami hace un juego con esa palabra -estabilidad- ella la pierde y juega a que los demás la pierdan de una manera más literal en sus víctimas. Las inmoviliza para que no le hagan daño.

Lo significativo del filme me parece que es la tragedia del amor idealizado. El «te acabo de conocer y ya quiero pasar toda una vida contigo». O también el creer conocer a la gente sólo porque la percibes de cierta manera visualmente. La gran tragedia de quienes quieren un amor específico y que pasan toda la vida buscándolo. El coqueteo y el cortejo es un periodo de tiempo en el que se le miente al otro para que se quede. Se promete lo inalcanzable y lo inseguro con tal de que el otro acepte estar.
El sonido dentro del filme es muy importante porque es lo que más «balance» tiene. Hay momentos contemplativos bellísimos y hay momentos de violencia auditiva por tener un alto contraste con lo visual.
En estructura el filme no va en una línea recta sino que genera un rizoma de conexiones que avanzan y se entrelazan las unas con las otras. Todo para culminar en un bellísimo momento en el que él, a los ojos de ella era el monstruo con el que había que acabar y al revés. Ambos paralizados en el piso recitándose momentos de amor puro y ciego del pasado entre ambos.

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